Después de una noche sin dormir apenas, llegó el día de la excursión a Medina Azahara. Cristina la tarde antes quedó con sus amigas para comprar las cosas para este día tan esperado; compró chuchería, refrescos, agua, y muchas cosas más; preparó la maleta, aunque al día siguiente tuvo que deshacer la maleta y volverla a hacer porque le faltaba la mitad de las cosas.
Llegó al colegio y estaban todos nerviosos deseando de montarse en el autobús. Cuando todos se contaban la comida que llevaban para comer y todo, llegó el tutor Tomás pasó lista y se fueron para coger el autobús. Pastorino el otro profesor repasó las reglas de la excursión.
En el autobús se echaron fotos, cantaron, charlaron, se rieron e incluso durmieron. A las dos horas se pararon para descansar y desayunar. Al ratillo se volvieron a montar en el autobús y continuaron el camino. Llegaron sobre las 12 y cuarto, cansados del camino pero todo fue divertido.
Allí vieron el museo de Medina Azahara, con una presentación y con las piedras y figuras que se encontrarían en las ruinas. Luego vieron las ruinas se echaron muchísimas fotos, su tutor lo explicaba todo, pero preferían ver las cosas y echarse fotos. Comieron allí y dejaron mucha basura aunque algunos si la tiraron en la papelera, el profesor se enfadó con ellos pero a pesar de todo estuvo bien la excursión. Cuando terminaron se montaron el el bus otra vez y vieron un poco de Córdoba pero a las 16 horas, ya iban de camino a casa.
A la vuelta en el autobús se lo pasaron igual de bien. Hicieron las mismas cosas que a la ida. Se pararon en Sevilla para descansar, merendar y estirarse un poco. Cuando descansaron todos, se volvieron a montar y ya por fin de vuelta a casa. Llegaron a Chipiona a las 19,30 horas, muy cansados. Se lo pasaron genial, pero les hubiera gustado haber pasado una noche en Córdoba durmiendo, pero todo genial.
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